“Redoble por Rancas” de Manuel Scorza

Poética, crítica política e histórica: Redoble por Rancas de Manuel Scorza

Redoble por Rancas (Barcelona: Planeta, 1970) es la primera novela de la pentalogía de Manuel Scorza (1928-1983) titulada la Guerra silenciosa. Narra el conflicto entre la empresa minera Cerro de Pasco Corporation y la comunidad andina de Rancas ocurrido a inicios de la década de 1960.

En dicho conflicto, como es obvio, hay territorios y medio ambiente en disputa. La mina empieza a ocupar los territorios de la comunidad. Aliada con en el Estado, crece sin freno. Quiere, según el narrador, “cercar el mundo” (234). La expansión de la mina desata la contaminación de las aguas, la ruina de las tierras, la desestructuración del orden político del pueblo. Al principio, la gente de Rancas no sabe qué ocurre. Atribuye las desgracias al castigo divino. Entra en pánico. Cuando los animales empiezan a morir envenenados, por ejemplo, alguien llega a decir “ahora nos comeremos entre humanos” (233). De tal forma, la llamada —a priori– modernidad de la minera es entendida como un agente barbarie y desintegración social.

En Redoble por Rancas, la mina es una imagen monstruosa que consume sin hartarse y que crece expropiando territorios, pero también conciencias, memorias y trastocando irreversiblemente el orden social y natural precedente. Paradójicamente, los ejecutivos mineros no son protagonistas. Son más bien sus fuerzas aliadas, como el Estado, mercenarios y miembros de la propia comunidad asimilados por la Compañía, los que se enfrentan a la comunidad de Rancas. Por lo tanto, en esta novela, la empresa privada transnacional y el Estado comparten los mismos intereses y trabajan coordinadamente. Son una unidad.

La imagen poética de la mina la presenta como un Cerco que día a día crece –al parecer autónomamente– y se apropia de todo. Los naturales, según sus concepciones económicas, entendían que la pampa “era de los caminantes”, que en ella “nunca se conocieron cercos” (191). Es decir, que era una tierra sin dueño en unos casos, o que era de propiedad de la comunidad, la cual la distribuyó entre sus miembros. Por eso, la mina –con su modernidad capitalista– viene precisamente a destruir ese orden de cosas. Pero, por otro lado, el avance del Cerco posee una dimensión sobrenatural y refiere a un poder en pleno movimiento de expansión que no descansa: “Queríamos creer que el Cerco era una neblina, una pesadilla. Porque mientras discutíamos el Cerco avanzaba” […] “Cerros, pastos, puquios, cuevas, lagunas: todo lo engullía” (193). El Cerco es una suerte de organismo, de animal que se desarrolla hacia el horizonte de la ubicuidad.

Un aspecto central de la concepción scorziana del poder es que este Cerco tiene su origen en la muerte. Nace de las paredes de un cementerio y se expande integrando –con locura (247)– naturaleza y gentes. El narrador lo entiende como un organismo vivo: lo llama “el gusano”.

La poética de Redoble por Rancas asume, por un lado, una visión mágica (o animista) del mundo y, por otro, la idea de que los comuneros de Pasco viven en un mundo religioso que mezcla un cristianismo providencial y los mitos y creencias andinos arcaicos. Pero la novela no practica una escritura decimonónica o indigenista clásica de la primera mitad del siglo XX. Es decir, no recurre al artificio de arcaizar o mostrar como primitivo el mundo andino. Scorza, para matizar esa supuesta tara de la tradición precedente, emplea recursos de la llamada “nueva narrativa” latinoamericana (Rulfo, García Márquez, J. M. Arguedas, Borges). En tal sentido, Scorza mezcla realismo socialista con una singular mitología (propia); combina una crítica científico social con literatura de propaganda; recurre por igual a recursos del naturalismo como de la magia y el cristianismo para explicar su realidad; usa el determinismo y al mismo tiempo una visión épica de la acción humana ejemplarizada en personajes como Héctor Chacón y el viejo Fortunato.

Uno de los aspectos centrales de Redoble por Rancas es la construcción de un mundo esencialmente corrupto, en el que las conciencias tienen precio y las lealtades no son para nada estables. Ello sumado a las contradicciones económicas deriva en un conflicto social que es asumido por los comuneros como una lucha política dirigida contra los poderosos. Esta, tiene que señalarse, no se deriva de una plataforma partidaria con nombre propio dirigida desde afuera o subordinada a agendas de alcance internacional (socialismo o comunismo), sino de una observación y experimentación de una lucha de clases en carne propia. Es cierto, reciben apoyo de cuadros de izquierda como el alcalde Genaro Ledesma y el cura progresista Chasán, pero en sentido estricto, la lucha de Rancas proviene de la toma de conciencia propia del pueblo. En tal sentido, a pesar de que, en un nivel religioso o de creencias, los personajes reproducen un discurso mágico, también es cierto que son sujetos políticos que despliegan un conjunto de discursos y acciones cuyo objetivo es desplazar y quebrar el poder que los oprime. Son personajes revolucionarios, no reformistas.

La resistencia de las comunidades se enfrenta con rondas pagadas por la minera y aliadas a la Policía (el malvado Egoavil y su gente). Estas fuerzas practican el engaño, el terror y la tortura. La resistencia de Rancas es heroica y decidida, pero en cierto sentido consciente de su futura derrota.

Así, por ejemplo, el viejo Fortunato asume el liderazgo de la lucha. Fortunato, llamado el terco, desafía al juez Montenegro, la mayor autoridad represora de la novela junto a su mujer. Alienta a sus vecinos para organizar una resistencia: “Retroceder es tocar el cielo con el culo” (281), dice a cada momento. Promueve una marcha y encara a las autoridades de Cerro de Pasco. Sin embargo, una vez frente al Prefecto, se rendirá. Al final de la novela, morirá baleado.

Héctor Chacón (el Nictálope), por su lado, justifica su intento de asesinar al abusivo juez Montenegro. Es “para que los animales tengan pasto” que comer, le dice Chacón a su hijo (188). Para Chacón, no se trata de asesinato sino de justicia (251). A su criterio, las tierras son de todos (252). Por lo tanto, este personaje, dotado de atributos míticos y crísticos, tipifica una conciencia económica colectiva frente a la corporativa y monopólica de la minera. Su lucha es una lucha económica, pero también moral, que anhela restablecer un estado de cosas desintegrado por el capitalismo. Y también, por qué no decirlo, su proyecto está atravesado por un resentimiento constructivo que lo hace reflexionar sobre el abuso que viene sufriendo.

Por todo, Redoble por Rancas muestra de un modo singular una estrategia de transculturación narrativa (Ángel Rama, Transculturación). No solo a nivel de mezclar lo occidental con “lo andino” (en este caso se aprecia una distorsión y una creación singular de la tradición oral) en los materiales culturales que invoca, sino porque integra tradiciones literarias no frecuentes en la novela de la tierra, como la novela de caballerías, la lírica y la literatura fantástica (por eso, incluso se ha calificado a Reboble por Rancas con la etiqueta comercial de “realismo mágico”, denominador insuficiente a mi modo de ver para juzgar esta novela). Redoble por Rancas trabaja una escritura de tono irónico que se combina dialécticamente con la violencia y tragedia con la que culmina: el episodio final narra una masacre y la represión final de Rancas; y se aprecia a los personajes hablando en sus tumbas (como en Pedro Páramo de Rulfo) esperando la llegada de más muertos.

Manuel Scorza. Redoble por Rancas. Madrid: Cátedra, 2002.

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