El realismo mágico de Alberto Fuguet: “Missing”

El realismo mágico de Alberto Fuguet: Missing

            Missing de Alberto Fuguet se define como una escritura de “escape”. Sin embargo, ese escape no apunta a un rompimiento con la norma de lo cotidiano; tampoco hacia una búsqueda arriesgada de una forma original ni a la propuesta de un proyecto intelectual o estético.

Por el contrario, en la primera página de la novela, se afirma que la escritura como escape es un movimiento hacia la “comodidad”, hacia una utopía homogénea que el autor añora poblar con su propia “gente” y “estética” (es decir, que promueve una poética autocomplaciente y autoritaria). Es un movimiento “autista” que aísla al escritor de lo social y que lo lleva a definirse como “raro” (creo que falsamente; porque se puede sostener que el rompimiento con los proyectos sociales, es decir, el confinamiento del individuo en una soledad dirigida y consumista es la norma del presente); tal cosa, según Alberto Fuguet –nombre del narrador de esta novela–, es una “bendición” (es decir, un regalo divino) (15).

El lenguaje providencial de Fuguet entiende dos cosas: o bien la gente se “salva” o se “pierde”. O bien asegura su “destino” o lo arruina (16). Aunque el lenguaje alude a una visión de tono religioso o apocalíptico de la existencia, el criterio para ponderar el destino es material: se opone el éxito económico, mediático y social del autor, por un lado; al fracaso, anonimato, degradación y declive “artístico” de Carlos (personaje perdido que ejerce empleos menores y que se niega a tener familia) y su primo Eddie (director de cine frustrado), por otro. De tal modo, en el universo de esta novela de Fuguet la “salvación” se da al mismo tiempo en términos económicos y sociales.

Tal retórica viene acompañada de una suerte de culpa que lleva al narrador a investigar la vida de su tío perdido. La sentimiento de culpa es parte crucial en la conformación de la subjetividad cristiana moderna (Nietzsche, Genealogía, Anticristo). Además, es un sentimiento que, en el mundo burgués, suele proyectarse sobre los pobres y oprimidos y sirve como paliativo moral y político que garantiza las condiciones de existencia dirigidas por el capitalismo. De esas dos formas, entiendo el despliegue de la ética del narrador: su intención es revertirse de un discurso moral y, al mismo tiempo, despolitizar las condiciones de existencia bajo la categoría de “libertad” entendida como, creo yo, un falso y administrado escape. En efecto, Fuguet siente que la historia de su “perdido” tío Carlos es algo “más que una crónica” (61) y siente el imperativo “económico y moral” (101) de buscarlo.

Se ven entonces dos estrategias: la visión del escritor como elegido (“bendecido”) y el empleo de un lenguaje de acentos religiosos para describir la realidad económica. Dos son entonces los objetos de fetichismo (que Marx entendía como un proceso mágico): por un lado, la figura del escritor como superestrella mediática y comercial, dotado al mismo tiempo de un sentimentalismo que lo lleva a asumir una acción de “caridad” para salvar al marginal; y, por otro, entender que el orden de cosas mundial de la globalización se erige como un horizonte teológico y que debe entenderse en esos términos.

Como es usual en Fuguet, el “imaginario pop” (62) enmarca la realidad. Ahora bien, no solo aparecen los restaurantes de comida rápida y otros productos del mercado como referentes y objetos de consumo; sino como marcadores del tiempo histórico del narrador, del espacio mercantil que nunca es visto como espacio de control alienante, sino más bien como una imagen que remite al centro comercial como paradigma de socialidad y “ciudad letrada pop”; lo pop también aparece, hay que señalarlo, como generador de subjetividades.

La novela en términos empíricos presenta una imagen urbana de un Estados Unidos en que las clases pobres y los inmigrantes construyen, no solo su futuro a costa de su alienación, sino su nueva identidad frente al pasado. Presenta espacios de despolitización y de desarraigo –encorsetado– que tienden a una homogenización que no niega el pasado y presente de apartheid “democrático” que caracteriza a los Estados Unidos.

Ahora bien, aquellos materiales provenientes de la “cultura popular” se mezclan con la constitución del letrado que el personaje Alberto Fuguet es: un escritor muy interesado en crear su genealogía cultural, en nombrar sus referencias literarias y cinematográficas acríticamente, en censurar obsesivamente lo que no le gusta y en producir una idea de un individuo definido, ya no por la razón (como en la modernidad temprano moderna), sino por lo que consume.

Como, a mi juicio, ocurrió en el modernismo con autores como Rubén Darío, la cita del autor de la metrópolis sirve, además de referente formal, como adorno y como marca del escritor a sentirse asociado a una “Cultura Mayor”. Es un gesto manierista que plantea una forma de aculturación o transculturación dirigida.

Hay, en efecto, en la escritura de Fuguet, la tensión viva de sentirse parte de una cultura periférica a la que niega: rechaza su pasado nacional (y también la tradición latinoamericana del “realismo mágico”, que Fuguet ha criticado una y otra vez) y asume solo aquello de las “Altas Culturas” (la literatura oficial estadounidense y el cine de Hollywood) que le permiten escapar a ese lugar “cómodo” (15) que señaló anhelar en la primera página de la novela.

Son conocidas las críticas de Fuguet al “realismo mágico” (ver la introducción a su antología de cuentos McOndo y sus ambiguas declaraciones posteriores al respecto). (Cabe señalar que por “realismo mágico” no solo se categorizó la literatura exotista y comercial que pintó una América Latina mágica al estilo Isabel Allende; sino que se intentó imponer ese rótulo a proyectos intelectuales complejos como los de Rulfo, Arguedas y otros con la intención consciente de vaciarlos de su reflexión histórica y filosófica).

Pero lo exótico y mágico no son ajenos a Fuguet. En Missing, el personaje central –un Fuguet ficcionalizado– asume ideas esotéricas para interpretar el pasado (específicamente, las de Alejandro Jodorowsky). (Fuguet –el narrador– asume que su tío Carlos nació predestinado al fracaso porque se le puso el mismo nombre de un hermano mayor suyo que murió poco después de nacer). Este determinismo implica una contradicción con el propio discurso anti realista mágico de Fuguet. En efecto, a pesar de que el valor del individuo que tanto se subraya en personajes como Carlos Fuguet y en el mismo narrador, la novela necesita de una idea tradicional de la familia, de lo nacional, del destino y de la culpa para reproducirse: solo así se entiende la crisis moral del personaje.

En otras palabras, el rechazo del exotismo o lo mágico no es total: es estratégico. Lo mágico en esta novela posmoderna toma la forma de producto New Age fácil de digerir: es decir, de un relato transcendental de salvación que otorga orden a una realidad (las tensiones sociales de Estados Unidos y América Latina) entendida como inexplicable o como determinada por fuerzas superiores a las humanas.

Fuguet, Alberto. Missing: una investigación. Alfaguara: Santiago de Chile, 2009.

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