Raymond Carver: “On Writing”

Raymond Carver: “On Writing”

Para Raymond Carver (1938-1988), el estilo es lo que distingue a un escritor. Por estilo, Carver entiende a la mirada especial y única de un autor sobre las cosas, y a la expresión artística que aquel le otorga a dicha mirada.

Para Carver, una frase tiene que estar cargada de asombro y posibilidad. Debe poseer claridad y, al mismo tiempo, insinuar una revelación. En tal sentido, en un cuento, tiene que haber algo misterioso, oscuro. Al final de la historia, por eso, debe mostrarse o insinuarse por qué aquello oscuro de pronto se ilumina. Tal revelación, sugiere Carver, debe aparecer en una acción; sin ella, no hay experiencia literaria.

Lo estético entonces surge después de lo que Carver denomina “repentinos despertares”, porque hay consecuencias en el lector. En especial, un sentimiento sorpresivo de alivio.

Carver censura los trucos literarios. No le gustan ni los artificios baratos o clisés ni los trucos complejos o rebuscados. Dice que lo aburren. Los escritores, afirma, no necesitan trucos ni ser los más inteligentes del grupo. Lo que tienen que hacer, corriendo el riesgo de parecer banales (y el riesgo es lo que siempre tiene que jugarse un autor al escribir), es simplemente contemplar las cosas con un absoluto y simple asombro; es decir, como si las vieran por primera vez.

Carver desconfiaba de la experimentación. Señalaba que, a veces, esta era una licencia para escribir sin cuidado e incluso para imitar en el peor sentido. La mayor desventaja de la mala experimentación, según Carver, es que a veces insensibiliza al lector, porque no muestra la experiencia humana: es solo una escritura para científicos o intelectuales.

Para Carver, la buena experimentación implica originalidad. Por eso, cuando un escritor trata de apropiarse del estilo, sensibilidad y originalidad de otro siempre fracasa. Citando a Ezra Pound, Carver señala que la verdadera experimentación tiene que mostrar la materia literaria como algo nuevo. Además, la experimentación debe verse como un proceso de búsqueda y descubrimiento de aquello nuevo.

Por eso, para Carver, un mal escritor es aquel que, teniendo ya un mundo hecho (usualmente con citas y sensibilidades de otros), quiere llevar ese mundo –ya construido– al lector; es decir, un mal escritor es aquel que no muestra un proceso que culmina en un descubrimiento: o sea es aquel que no ofrece nada nuevo.

La escritura que más le interesa a Carver es aquella que le permite escribir sobre lo cotidiano usando un lenguaje cotidiano; pero ese lenguaje tiene que ser preciso y estar dotado del poder de asombrar; debe ser una escritura que tenga la capacidad de producir una sensación de frío en la espina dorsal (que es lo que Carver ve en la prosa de Nabokov).

Por eso, Carver odia la escritura descuidada, caótica, azarosa que se presenta bajo el rótulo de experimental, así como los toscos y obsoletos realismos. En tal sentido, señala que el lenguaje pesado, impreciso e inexacto no logra nada en el lector: no estimula su sentido artístico. Ocurre, entonces, lo que Henry James denomina “especificación poco convincente”.

Carver señala que lo mejor en un cuento es que se sienta cierta amenaza. Explica que esto es bueno para la circulación de la prosa. Además contribuye a la tensión. En un cuento, tiene que haber la sensación de que algo es inminente, de que algo está en incesante movimiento. Si eso no ocurre, simplemente no hay historia.

La tensión, según Carver, se logra mediante la articulación artística de palabras concretas; tal articulación crea la acción visible de la historia. Pero, en la tensión, también está en juego lo que no se dice. Lo implícito. Lo que está debajo de la superficie de las cosas.

Para Carver en un cuento tiene que haber una iluminación que es lo que, finalmente, le da vida a la historia. Y, si es una buena historia, crea sentido estético. Por eso, la tarea del cuentista es trabajar para que esa iluminación aparezca.

El cuentista, además, debe tener un sentido de la proporción y forma de las cosas para verlas como realmente son; pero verlas con esa mirada única que todo escritor debe buscar. Eso se logra, según Carver, con el empleo de un lenguaje claro, preciso y específico; un lenguaje que dará vida a los detalles que iluminan la historia al lector. No se debe temer a que el lenguaje preciso parezca plano o no literario: lo que importa es que transmita sentido.

La escritura para Carver es todo o nada. Para él, no hay justificación por presentar un mal texto. Ni el factor tiempo ni el factor dinero cuentan. Un escritor tiene que dar todo y lo mejor de sí; si no es capaz de eso, lo mejor es que se dedique a otra cosa.

Raymond Carver. “On Writing”. En: Collected Stories. New York: Library of America, 2009. 728-33.

Ensayo publicado originalmente el 15 de Febrero de 1981 en The New York Review of Books.

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