La borrachera en Raymond Carver: “Why you don’t dance?” (“¿Por qué no bailáis?”)

La borrachera en “¿Por qué no bailáis?” de Raymond Carver

La historia de “¿Por qué no bailáis?” es sencilla. Un hombre alcohólico decide un día sacar todas sus pertenencias a la calle y rematarlas en lo que en Estados Unidos se conoce como venta de garaje. Luego, una joven pareja se interesa por los artículos. En seguida, los tres personajes beben whiskey. Al final, el chico se queda dormido en la cama y el borracho baila con la novia de aquel en plena vía pública. Al día siguiente, la joven pareja se lleva las pertenencias del alcohólico casi regaladas.

El primer aspecto narrativo que resalta de la historia es que deja interrogantes sobre la vida pasada y futura del protagonista. De alguna forma, lo que se tiene es un pasado espectral que acecha al personaje y a la realidad narrada. No se sabe nada del protagonista Max, salvo que su mujer se ha largado y que él sufre de una severa adicción a la bebida. Se sabe también que en su vivienda han pasado muchas cosas vergonzosas, pero tampoco se saben cuáles.

En efecto, hay un pasado escondido que provoca a la imaginación del lector quien, durante la lectura, intentará completarlo a su modo. En otras palabras, el cuento es en cierto sentido pudoroso y victoriano como los cuentos de Hemingway. Así, lo abyecto y lo sucio (como por ejemplo en la narrativa de Bukowski) no aparecen directamente si no como preguntas. De tal modo, se trabaja con la misma estrategia que el erotismo: se cubre, se embellece la desnudez, se crea una distancia que filtra lo obsceno y lo pornográfico.

El cuento tampoco muestra lo que pasa después de que los personajes se emborrachan en la calle. Se sabe que el novio de la chica se queda dormido y que ella y Max bailan en la vía pública. Pero no se conoce si pasó algo con ellos. Se sugiere que tuvieron un encuentro erótico en la calle, pero no hay evidencias. Tampoco se conoce que pasó con el personaje central después; solo se tiene la certeza que está acabando con todo y que en ese camino autodestructivo se ha dirigido.

El cuento, por lo tanto, asume un material narrativo y lo corta y modela de tal modo que lo resultante propone preguntas antes que soluciones: tal es la estrategia narrativa de Carver en esta –al parecer sencilla– historia.

Ahora bien, la estrategia de esconder la información no es nueva. Es tan antigua como el mismo acto de contar. Aparece en los griegos, en Tolstoi, en Proust, Borges, en Bolaño, por ejemplo. Genette la llama elipsis; pero en este caso se trata de una variante, la “paralipsis”, que según Genette no solo señala un salto temporal, un silencio en pro de la velocidad narrativa (contar solo lo que importa), sino que dicho silencio designa que un hecho omitido mantiene una influencia “emotiva” en la narración (Genette, Narrative, 52-53).

Lo que veo en este cuento de Carver es que la censura de los materiales narrativos aparece asociada al acto de borrar el pasado y en cierto sentido a negarlo. Es una imagen poética que plantea la deshistorización del personaje y lo lleva a centrar su vida en un presente amplio signado por el goce puro y descontrol producido por la borrachera. Porque hay que señalarlo: el personaje de Carver en este cuento no guarda una relación culposa con el pasado, porque no se puede borrar lo que no existe.

Beber es más que un nihilismo en los cuentos de Carver. Es una forma obscena y escapista de exiliarse del acontecer del mundo asumiendo una forma desviada del mandato consumista: se consume licor hasta morir, hasta anular la noción de sujeto consumista formado y modelado por las sociedades postindustriales. Se consume hasta la inconsciencia, hasta –como en este cuento– se tiren a la mujer del personaje o a él mismo. Se bebe, paradójicamente, para estar sobrio: “Llevaba bebiendo toda la tarde, y había llegado a un punto en que la bebida parecía empezar a hacerle estar sobrio. Pero eran lapsos” (Carver, Principiantes, 16).

Aún más, suele ocurrir que el impulso de goce egoísta surgido del beber mina las instituciones sociales como la familia y desestabiliza la ética del trabajo que sostiene el mundo de los personajes. La borrachera en la poética de Carver es una fuerza que desestructura el contrato social.

El segundo aspecto resaltante de esta historia es que el personaje literalmente saque su cama y mobiliario a la calle y los ordene, no como en una venta de garaje regular, sino como estaban dentro de la casa. Esto implica una agresión a la privacidad, pero también la consciencia de que ciertos límites entre lo público y privado se han roto (en Bajo el volcán de Malcolm Lowry, por ejemplo, la borrachera tiene otro significado: representa la locura autodestructiva de la Segunda Guerra Mundial).

Como diría Kundera, se empuja a los personajes a una situación de pura transparencia. He allí lo perturbador y genera el mismo efecto deshumanizador de aquellos proyectos artísticos que construyen casas transparentes para que se pueda ver todo lo dentro acontece. Se está por lo tanto en una forma de lo que Breton llamó la “casa de cristal” y crea un espectáculo que politiza trágicamente la existencia:

“Cuanto más opacos sean los asuntos de Estado, más transparentes deben ser los asuntos de un individuo; la burocracia, aunque represente una cosa pública, es anónima, secreta, codificada, ininteligible, mientras que el hombre privado se ve obligado a desvelar su salud, sus finanzas, su situación familiar y, si el veredicto de los medios de comunicación lo han decidido, no encontrará ni un solo instante de intimidad ni en el amor, ni en la enfermedad, ni en la muerte. El deseo de violar la intimidad del otro es una forma inmemorial de la agresividad que, actualmente, se ha institucionalizado” (Kundera, Arte, 179).

En efecto, hay un exhibicionismo implícito materializado cuando los personajes bailan en la calle. Por eso, la imagen de una pareja teniendo relaciones sexuales en una cama en plena calle aparece como una posibilidad. De tal modo, la existencia se convierte en espectáculo. Si bien, como he mencionado, se escondieron detalles en teoría escabrosos de la existencia de Max, también aparece lo diametralmente opuesto: la mostración sin el mínimo pudor de su vida desnuda.

Sin embargo, a mi modo de ver, tal acción –el espectáculo de lo privado en la esfera de lo público, cosa tan presente en la cultura del presente— parece ocurrir sin pose: porque el personaje ya no conoce los  límites de lo público y lo privado lo cual define su profundo gesto antisocial. Su alienación corporal (su alcoholismo) en tal sentido se proyecta también como una entrega sin frenos al designio de la cultura posmoderna.

Así, la borrachera en este cuento de Carver alude a una forma de existencia políticamente concreta. El posmodernismo de Carver no consiste en que su literatura evade los “grandes problemas históricos” (es un escritor de finales de la guerra fría), sino, por el contrario, en que sus personajes han interiorizado la nueva alienación posmoderna (doméstica, biopolítica, global, como se quiera decir) que sufren, combaten y más o menos entienden, pero que casi nunca pueden superar, si no es por cierto tipo de espiritualidad tradicional: por eso, el tema de la redención, del castigo y la culpa son tan fuertes en la cuentística de Raymond Carver.

Por consiguiente, la narrativa de Carver propone una conciencia social y una preocupación religiosa que caracterizó por ejemplo los proyectos narrativos de Tolstoi y Dostovieski (véase Steiner, Tolstoy or Dostoevsky); por eso, creo que es un autor que propone una solución estética moderna –mística– antes que la posmoderna del cinismo, la amoralidad y la religiosidad pop New Age.

En este cuento, importa también la renuncia del personaje a sus propiedades. Y es que se trata de un sujeto que ha perdido la capacidad de otorgar valor a las cosas; dicha acción también supone una idea crítica: la consciencia de que los productos del mercado una vez comprados se convierten en basura (como la existencia misma).

El propósito del personaje no es ganar dinero, sino eliminarlo todo; las cosas ya no se revisten de un valor económico; han dejado de ser fetiches; por lo tanto, uno de los aspectos perturbadores y radicales del personaje es su constante negación a otorgar a los productos de consumo el valor social y político que siempre les confiere el capitalismo.

En suma, la imagen del borracho en Carver expresa una caída moral. Es un gesto antisocial que denota la pulsión por acercarse a un goce egoísta y puro. Por eso, es una constante que el alcoholismo devenga en la ruptura de la familia –base de la sociedad burguesa—y en aislamiento o encierro.

Pero tampoco es un mero mandato a gozar perpetuo pronunciado por la sociedad consumista. Es un consumirse a uno mismo; es una perversión social signada por el exceso y la autodestrucción que culmina en –quizá– una amarga redención.

Carver, Raymond. Principiantes. Trad. Jesús Zulaika. Barcelona: Anagrama, 2012.

Kundera, Milan. El arte de la novela. Trad. Fernando de Valenzuela y María Victoria Villaverde. Barcelona: Tusquets, 2007.

Richard Parra, Lima, 2012

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