Sobre “Pedro Páramo” de Juan Rulfo

Los flujos económicos en “Pedro Páramo”

Texto publicado originalmente en: http://www.ucm.es/info/especulo/numero38/flujospp.html.

Resumen: En el siguiente ensayo, analizo los flujos económicos en Pedro Páramo de Juan Rulfo, en relación a los mundos literarios que este escritor crea. Veré, en primer lugar, que Comala nunca fue un paraíso ideal: fue, más bien, una economía campesina muy dinámica con varios agentes económicos activos. Mostraré, especialmente, qué impacto económico tuvo el ascenso de Pedro Páramo al poder: básicamente, significó la monopolización de la economía. En otro sentido, supuso un impacto en el comportamiento en los habitantes de Comala. Estos pasaron de ser gente emprendedora a ser personas bastante pasivas, constituyéndose así un regimen paternalista. Esto finalmente determina la decadencia de Comala y su transformación en un pueblo de fantasmas. Partiendo de este análisis, luego me centro en los móviles económicos presentes en Dolores Preciado y en su hijo Juan Preciado. Mi conclusión es que uno de los motivos del viaje es el reclamo de la herencia paterna y la recuperación de todos los bienes usurpados por Pedro Páramo a la familia Preciado.
Palabras clave: Pedro Páramo, Juan Rulfo, literatura y economía, “novela de la tierra”, paraíso.

Hasta hoy no se ha discutido profundamente desde una perspectiva económico-política el mundo social que Juan Rulfo crea con Comala. Lo que se ha hecho es asumir que la estructura económica de Comala responde a un modelo europeo del desarrollo económico. Jean Franco, por ejemplo, postuló que el régimen económico en Comala era feudal: en la narrativa de Juan Rulfo, expresó Franco, “existe la estructura feudal y tribal mediatizadas por el dinero y sin la presencia de la burguesía. Esto significa que el trabajo y el esfuerzo, los motores de la sociedad puritana se encuentran ausentes en Comala. El fetiche de la sociedad burguesa (el dinero) existe pero sin la base productiva” (Franco 2004: 154).

Sin embargo, aparte de que esta observación no tiene sustento en evidencia extraída de la novela, revela el afán de Franco por superponer un marco teórico europeo a la realidad mexicana sin la menor discusión crítica. Conceptos como “estructura feudal” y “burguesía”, aunque válidos para crear un lenguaje común en la academía, no tienen ningún asidero material en el mundo de Pedro Páramo. Allí no hay ningún elemento palpable que pueda sostener la existencia de esos conceptos, tal como la tradición política y económica los han venido definiendo. Franco también erró al negar que, en Comala, existiera “una base productiva”. En ese sentido, además de producir un análisis pseudomarxista, falsificó la realidad que la novela construye.

En Comala, como trataré de aclarar, antes del régimen de Pedro Páramo, existían numerosas fuerzas de producción, de tamaño limitado, si se quiere, desde la perspectiva del capitalismo tardío, pero existentes al fin y al cabo y que combinaban numerosos agentes. En ese sentido, quiero debatir y rechazar aquella ideas según la cual Comala era un paraíso idílico, casi un locus amenous como algunas lecturas han propuesto.

En primer lugar, debe reconocerse que, antes del asenso de Pedro Páramo al poder, Comala tenía una economía próspera y bastante activa. La imagen material más antigua de Comala es la que se puede reconstruir a partir del testimonio de Dolores Preciado, madre de Juan. Según ella, Comala era un valle hermoso y fértil en el que sus habitantes se dedicaban, básicamente, al cultivo del maíz; Comala, por otro lado, estaba ubicada cerca de un río y estaba integrada a un circuito comercial por medio de un puerto: “Hay allí, pasando el puerto de Los Colimotes, la vista muy hermosa de una llanura verde, algo amarilla por el maíz maduro” (Rulfo 1983: 66).

En Comala, además de maíz, se sembraba trigo, alfalfa y se producían pan, miel y naranjas en cantidades considerables: “Llanuras verdes. Ver subir y bajar el horizonte con el viento que mueve las espigas, el rizar de la tarde con una lluvia de triples rizos, el color de la tierra, el olor de la alfalfa y del pan. Un pueblo que huele a miel derramada […] No sentir otro sabor sino el del azahar de los naranjos en la tibieza del tiempo (81)”.

Comala era, asimismo, un lugar con una importante actividad comercial. Se trataba, en efecto, de un centro comercial con mucho movimiento e integrado económicamente con otros pueblos de la región. A Comala, llegaban carretas cargadas de fertilizantes, maíz y alimento para aves: “Todas las madrugadas el pueblo tiembla con el paso de las carretas. Llegan de todas partes, copeteadas de salitre, de mazorcas, yerba de pará. Rechinan sus ruedas haciendo vibrar las ventanas, despertando a la gente. Es la misma hora en que se abren los hornos y huele a pan recién horneado” (106).

A partir de estas observaciones, se puede caracterizar la economía de la Comala como una economía campesina en la que se combinan, por un lado, la producción y comercialización de ciertos productos agrícolas sin mayor valor agregado y, por otro, el comercio, a menor escala, de mercancías e insumos necesarios para la subsistencia y la continuidad de las actividades económicas. Se puede caracterizar, al mismo tiempo, a los habitantes de Comala como gente que debía satisfacer sus necesidades básicas de alimento y conseguir los medios para obtener aquellos productos que no producían, como por ejemplo, el salitre y el alimento para aves.

La relativa prosperidad económica descrita por Dolores, así como la actividad comercial, dan cuenta de que hubo un activo flujo de dinero en la zona, así como de un constante tránsito de comerciantes. En ese sentido, Comala era un mercado activo y próspero y un lugar de congregación. Es obvio, por otro lado, que su economía estaba basada en la propiedad privada de los medios de producción y en el uso del trabajo asalariado.

Sin embargo, la economía campesina de Comala era una economía a menor escala en la que el trabajo no asalariado obviamente predominaba (predominan las empresas familiares), en la que las posibilidades para acumular riquezas eran limitadas y en la que el propósito de la economía no era maximizar las ganancias, sino garantizar la subsistencia (Stavenhagen 1978: 27-37).

Otros momentos donde se retratan los aspectos económicos de la vida en Comala, antes de su decadencia económica, lo ofrece el mismo Pedro Páramo, cuando se narran algunos episodios de su niñez. En el fragmento 7 (“Abuela, vengo a ayudarle”), por ejemplo, se da noticia sobre la situación y modales económicos de la familia Páramo. Pronto el lector advierte que es una familia atravesada por una crisis económica y acostumbrada a vivir endeudada. Esto da cuenta, por un lado, de que dentro de la economía campesina de Comala había desigualdades económicas que obligaban a las familias menos pudientes a depender de las más acomodadas. Y, en ese sentido, el crédito funcionaba como vinculo social. En el fragmento 19 (“Tocó con el mango del chicote”), Fulgor Sedano confirma este retrato económico de la familia Páramo: “Porque la familia de usted lo absorbió todo. Pedían y pedían, sin devolver nada. Eso se paga caro. Ya lo decía yo: “A la larga acabaran con todo” (96).

En otro momento, cuando el molino de la familia Páramo se echó a perder, la abuela le dijo a Pedro: “Aunque con los gastos que hicimos para enterrar a tu abuelo y los diezmos que les hemos pagado a la Iglesia nos hemos quedado sin un centavo […] Sería bueno que fueras a ver a doña Inés Villalpando y le pidieras que nos lo fiara para octubre. Se lo pagaremos en las cosechas” (75). Aquí, por un lado, se reconoce a la Iglesia como un agente de presión tributaria; y a Inés Villalpando, por otro, como un agente de crédito. Asimismo, se revela que la economía de los Páramo no es lo suficientemente sólida para acceder a la tecnología de la época. Por último, se subraya que la economía de los Páramo dependía enteramente de las condiciones climáticas. Se trata, por lo tanto, de una familia empobrecida por sus errores empresariales, su irresponsabilidad crediticia y, en menor medida, por la presión tributaria de la iglesia.

Debe destacarse el hecho de que la familia de Páramo no era original de Comala, cosa que naturlamente influyó en su ulterior decadencia. El hecho de que la familia se haya mudado a Comala, dejando todo, da a entender que Comala, en algún tiempo, fue entendida como una tierra de oportunidades y que, en las tierras aledañas, se vivió una profunda crisis económica: la gente migraba a Comala por necesidad. Esta, obviamente, fue otra de las razones de la crisis de la familia Páramo: la poca capacidad de la misma para adpatarse a las nuevas condiciones que encontraron al mudarse para Comala.

Por ello, la responsabilidad por tan mala situación económica no solo es producto de la naturaleza misma de la economía en la que los Páramo viven: el fallecido abuelo de Páramo también tendrá responsabilidad por su falta de visión: La abuela, por ejemplo, le dijo a Pedro: “Si yo tuviera esa casa grande, con aquellos grandes corrales que tenía, no me estaría quejando. Pero tu abuelo le jerró con venirse aquí” (76). Asimismo se advierte que la familia Páramo, aunque contaba con tierras, se dedicaba al la crianza de animales, poseía Media Luna y tenía empleados, no contaba con liquidez ni con ahorros ni con alguna otra fuente de dinero externa.

Es en este contexto de crisis en el que Pedro Páramo asciende al poder y modifica profundamente todas aquellas condiciones iniciales. Por ello, su primer plan será casarse con Dolores Preciado, dueña de los bienes de su familia, para evadir la deuda que tiene con ella. Páramo, de ese modo, emplea el matrimonio en su sentido clásico: el de servir como medio de integrar riquezas y poder entre dos familias.

Es central advertir que, en este primer movimiento político, ya se observa la cooperación de dos de sus principales aliados: Fulgor Sedano, por un lado, como su operador político, y el padre Rentería, por otro, como su aliado ideológico. Uno como mensajero y diplomático y el otro como agente de autoridad con la capacidad de legitimar la alianza econñomica y matrimonial. (Pedro Páramo además cuenta con otros dos operadores: uno militar, El Tilcuate; y otro jurídico, Gerardo Trujillo; todo ello, si se quiere, lo constituye como una metáfora del Estado).

Lo siguiente por lo que se preocupa Pedro Páramo es por la propiedad de la tierra. Por ello, manda a matar a Toribio Aldrete con quien tiene un problema de límites. A continuación, Pedro Páramo se apropiará de toda la tierra visible. Para ello, llevó a cabo una política de despojo de tierras mediente la cual se adueñará de un territorio de dimensiones fabulosas. Recuérdese que Media Luna, la propiedad de Páramo, es tan extensa que Rulfo la describe como “toda la tierra que se puede abarcar con la mirada” (68). Aquí, naturalmente, se está frente a un estado de cosas caracterizado por la monopolización del espacio y del capital.

En efecto, la base económica del poder de Páramo es la propiedad de la tierra; en ese sentido, su ejercicio del poder está estrechamente vinculado a la manera y forma como reparte los beneficios de la tierra a sus subordinados. En síntesis, el cambio del régimen político, el asenso del tirano, viene acompañado por un cambio del estado de cosas en el régimen económico. En ese sentido, la llegada de Páramo al poder divide la historia económica de Comala en un antes y un después: antes de Pedro Páramo, la economía de Comala podría haberse descrito como un régimen agrario de medianos terratenientes, entre los cuales había desigualdades, pero en el que el poder estaba repartido.

Comala, como pueblo, sin embargo, es la base del poder de Pedro Páramo. Comala es vista como una colectividad sumamente pasiva y subordinada al poder de Pedro Páramo: es un pueblo sin fortuna e infeliz, paralizado, incapaz de cualquier movimiento hacia el progreso; es pobre en razón a esta desidia; y viejo, porque es percibido por Páramo como un espacio sin lugar en el ahora: “Hay pueblos que saben a desdicha. Se les conoce con sorber un poco de su aire viejo y entumido, pobre y flaco como todo lo viejo. Este es uno de estos pueblos” (140). Las gentes de Comala, de este modo, son registradas por Rulfo como gente ociosa y sin una ética del trabajo emprendedora. Pedro Páramo es conciente de esta dependencia y se aprovechará de ella.

En términos de comunidad, Comala nunca se piensa como tal. A pesar de vivir en una situación económica adversa, no opera entre la gente el principio de solidaridad; no se asocian ni se organizan; cada uno actuará a su capricho. Los que se quedan lo hacen para repartirse la herencia del padre, porque no saben cómo producir riqueza. En efecto, Comala es un pueblo sin capacidad de desarrollo ni agencia económica; siempre está a la espera de un benefactor autoritario. Rulfo representa Comala como un lugar sin iniciativa, totalmente dependiente de la autoridad del tirano; presenta una imagen de la política mexicana según la cual el pueblo, inculto y ocioso, requiere de una figura de poder, fuerte y autoritaria para gobernar su destino.

El momento en que más se nota la falta de agencia e iniciativa de Comala es cuando muere Susana San Juan. Recuérdese que Pedro Páramo entró en un estado de desilusión, cuya mayor consecuencia fue su perdida de interés en el trabajo y el desarrollo económico. Además de atentar contra su propia propiedad, Pedro Páramo se convirtió en un ocioso, en una persona sin iniciativa económica: “Tan la quiso, que [Pedro Páramo] se pasó el resto de sus años aplastado en un equipal, mirando el camino por donde se la habían llevado al camposanto. Le perdió interés a todo. Desalojó sus tierras y mandó quemar los enseres. Unos dicen que porque le agarró la desilusión; lo cierto es que echó fuera a la gente y se sentó en su equipal” (137).

Tras ello, Comala sufrió una crisis económica y moral tan profunda que, a la larga, provocaría su decadencia. En efecto, las tierras se echarían a perder; vendrían pestes; algunos abandonarían el pueblo; otros, se entregarían a la pereza y a la esperanza de una herencia que nunca llegará:

Desde entonces la tierra quedó baldía y como en ruinas. Daba pena verla llenándose de achaques con tanta plaga que la invadió en cuento la dejaron sola. De allá para acá se consumió la gente; se desbandaron los hombres en busca de otros “bebederos”. Recuerdo días en que Comala se llenó de “adioses” y hasta nos parecía cosa alegre ir a despedir a los que se iban. Y es que se iban con intenciones de volver. Nos dejaban encargadas sus cosas y su familia […] Yo me quedé porque no tenía adonde ir. Otros se quedaron esperando que Pedro Páramo muriera, pues según decían les había prometido heredarles sus bienes, y con esa esperanza vivieron todavía algunos. Pasaron años y años y el seguía vivo, siempre allí, como un espantapájaros frente a las tierras de Media Luna […] Y todo por las ideas de don Pedro, por sus pleitos del alma (137).

Es de subrayarse el hecho de que Páramo haya desalojado sus tierras y destruido sus instrumentos de trabajo. Además llegaron pestes, sequías y necesidad. La decadencia de las condiciones económicas obligó a la gente a migrar a otras tierras, pero no en busca de trabajo, sino de un nuevo benefactor. Esto implica que, tras la muerte de Susana San Juan, hubo movimiento de la población hacia las afueras de Comala. De ese modo, Media Luna se quedó sin fuerza de trabajo y sin posibilidad de producir riqueza.

Por consiguiente, el concepto de desilusión aquí tiene una dimensión económica: produce que Páramo dejé de trabajar y tener ambiciones por seguir adelante; en otras palabras, la desilusión está relacionada con la pobreza. Este es un elemento para ponderar la ilusión que inicialmente tenía Juan Preciado: su ilusión era de carácter económico, es decir, reclamar la herencia paterna.

Aún más: Rulfo también propone una visión crítica de Dolores Preciado, madre de Juan. Su crítica se enfoca en las motivaciones económicas de esta. Seguramente por ello termina siendo reemplazada por Dorotea. Como se recuerda, Dolores le exige a su hijo que arregle ciertas cuentas con su padre: “exígele lo nuestro. Lo que estuvo obligado a darme y nunca me dio… El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro” (65).

Dolores, así, exige cumplimiento de las obligaciones de Pedro Páramo para con ella y expresa un resentimiento por el desamparo económico en que la mantuvo por tantos años. Afirma, de ese modo, tener el derecho sobre una parte de las propiedades de Pedro Páramo. En ese sentido, Dolores expresa la creencia en un orden familiar y legal en el cual el padre está en la obligación de la manutención económica tanto de ella, como esposa, como de Juan Preciado, como hijo.

En esa línea, también, se subraya su falta de agencia en términos económicos; o, en todo caso, refleja un estado de crisis social y económica en el que las mujeres desclasadas como ella (recuérdese que proviene de una familia terrateniente) no tenían mayor acceso al trabajo y a ingresos. Como se sabe, Dolores Preciado pertenece a “la edad de oro” de Comala, al tiempo de los comerciantes prósperos y de los medianos terratenientes. Sus recuerdos, la mayoría de ellos de orden económico, construyen una idea de comunidad, basada en una nostalgia por los bienes materiales perdidos.

El viaje a Comala de su hijo Juan, desde esta idea, también tendrá como fin integrarlo a esa comunidad de bienes perdidos: “Allá [en Comala] hallarás mi querencia. El lugar que yo quise […] Mi pueblo, levantado sobre la llanura. Lleno de árboles y de hojas, como una alcancía donde hemos guardado nuestros recuerdos” (117). Esta cita destaca, por un lado, el derecho de propiedad que Dolores manifiesta por Comala (Pedro Páramo, por el contrario, así como su familia, es nuevo en Comala; es un inmigrante. No tiene ninguna relación profunda en términos de nación ni de comunidad. Es un recién llegado que no tiene mayores lazos de amistad ni familiares con el resto del pueblo).

Es significativo, por otro lado, que recuerde Comala en términos económicos: destaca, en primer lugar, la fertilidad de su tierra; en segundo lugar, es curioso que entienda a Comala como “una alcancía” donde había guardado “nuestros recuerdos” (117). Este “nuestros” es de suma importancia, porque con ello otorga a su hijo derecho sobre su pasado y sobre Comala como origen. Aparece, por lo tanto, la intención de recuperar los bienes perdidos y de reclamarlos.

Según este argumento, Juan Preciado encontrará en Comala su pueblo y su pasado, aunque no haya nacido allí, ni lo conozca. El derecho de propiedad lo ha heredado de la madre. El viaje de Juan Preciado a Comala, por lo tanto, es un intento por integrarlo a una comunidad ya extinta y a un pasado de comodidad económica. Y, en efecto, Juan Preciado inicia su viaje como resultado de una promesa hecha a su madre agonizante: “Yo le prometí que vendría a verlo” (65). Por consiguiente, el interés original de Preciado por viajar no surge del cuestionamiento histórico de su pasado; al contrario, responde a una promesa, a un acto de obediencia hecho a la madre.

Sin embargo, Juan Preciado no se siente en la necesidad de cumplir tal promesa: “Pero no pensé cumplir mi promesa” (65). Rulfo, en ese momento, introduce un elemento que influye en la decisión de Preciado de ir a Comala: la ilusión, esto es, “un mundo alrededor de la esperanza que era aquel señor llamado Pedro Páramo, el marido de mi madre” (65). Solo, tras haber tomado conciencia de esa ilusión, Juan Preciado inicia su viaje a Comala. Esta ilusión, como se desprende de lo arriba visto, no es otra que la esperanza por recibir una parte de la herencia paterna.

Obras citadas

Franco, Jean. “El viaje al país de los muertos”. Campbell, Federico (ed). La ficción de la memoria. Juan Rulfo ante la crítica. México: Era, 2003. pp. 154.

Rulfo, Juan. Pedro Páramo; edición de José Carlos González Boixo. Madrid : Cátedra, 1983.

Stavenhagen, Rodolfo. “Capitalism and the Peasantry in Mexico”. Latin American Perspectives, Vol. 5. No 3. Peasants, Capital Accumulation and Rural Underdevelopment. (Summer, 1978), pp. 27-37.

© Richard Parra Ortiz 2008

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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