Genio y originalidad en la estética de Kant (nota)

Genio y originalidad en la estética de Kant (nota)

Tomado de:

Guyer, Paul. Values of Beauty. Historical Essays in Aesthetics. Cambridge: Cambridge UP, 2005. pp. 242-62.

Para Kant, el arte es al mismo tiempo un producto elaborado sin intención y un producto racional. De tal modo, por no tener propósito, también es producto de la naturaleza que actúa por medio del ser humano mediante reglas no visibles.

Visto así, el arte no obedece a reglas, sino que se inspira en modelos de originalidad. De tal modo, el genio artístico se define tanto por la invención de un contenido como de una forma original para su expresión. A esto hay que añadir que el placer producido por una obra de arte es inter-subjetivamente válido por lo que produce un juicio estético (positivo o negativo, siempre plural) y pretende, de esa manera, ser un modelo para juzgar otras obras. Así, la obra de arte no se debe producir de acuerdo a reglas, sino que ella misma debe ser una regla nueva; algo que todos puedan juzgar satisfactoriamente (en condiciones ideales naturalmente).

Como saben quienes han leído la Crítica del juicio de Kant, la perfección artística no radica en si un artista sigue determinadas reglas con destreza o si su mímesis es adecuada o funcional; sino en el libre juego de los poderes cognitivos de la imaginación y el entendimiento suscitados por la contemplación del objeto bello; dicho juego es experimentado por todos con un sentido de contingencia; allí sucede que el objeto se va liberando de las reglas y determinantes de sus materiales y formas, así como de los conceptos formales determinantes (estéticas previas). Así, lo bello no puede ser determinado o reflejado por reglas preestablecidas. Tampoco el juicio ante lo bello emana de normas, de un catecismo crítico. El juego cognitivo la sucede y, como tal juicio puede comunicarse universalmente, es válido para todos (no solo para quienes manejan un código limitado). Si una obra logra esta dinámica será “ejemplarmente original”.

Ahora bien, la originalidad por la originalidad produce “originalidad sin sentido”; no basta con romper reglas o seguir caminos inexplorados (esto es algo consustancial al ser humano, dicen Mill y Kant), sino producir objetos que planteen una ruptura con el pasado y también que puedan ser disfrutados por todos y servir como obras normativas.

La capacidad de recepción de una obra depende de la experiencia del receptor en el juego cognitivo producido por el auténtico arte, no en el conocimiento de las reglas o el juego cognitivo del autor. La obra de arte no tiene propósito, por lo que la “intención” del autor no debe interferir en el juego cognitivo de la audiencia. Sin embargo, a pesar de que para Kant el arte no tiene propósito, siempre aparece como si lo tuviera; es como la naturaleza, señala Kant, aunque uno sabe al mismo tiempo que se trata de creación, de arte. Ninguna intención, técnica o política o cualquier otra, determinará la reacción de la audiencia. Así el artista auténtico debe crear mostrando libertad de imaginación de su parte, pero dejando libertad para el juego cognitivo de imaginación y entendimiento en la audiencia. Este juego es lo universal del arte, que como tal produce uniformidad y diversidad en la recepción.

La obra del genio, según Kant, propone el estándar o la regla para juzgarla (accesible universalmente) y un estándar de originalidad. No servirá como modelo de copia sino de imitación, es decir, como un modelo ante el cual los demás artistas podrán medir su propia originalidad. De tal modo, es la “actividad productiva” lo que resulta en modelo no el objeto artístico. Así, la dificultad de todo creador auténtico es doble: debe ejercer una libertad de imaginación y de entendimiento con respecto a sus predecesores, y al mismo tiempo dejar un espacio para el libre juego de la audiencia entre la cual no solo hay meros consumidores pasivos, sino también productores de arte.

La falta de originalidad produce dos tipos de artistas: los seguidores de escuela o aquellos que se empeñan en buscar un método; y los “manieristas” que con tenacidad trabajan en un nuevo estilo, aunque sin lograr la “ejemplaridad original” planteada por Kant. Ahora bien, como los genios son escasos, en el mundo del arte lo que se tiene con bastante frecuencia es uno de los dos tipos aquí descritos. Sin embargo, la obra de arte genuina también puede provocar la aparición de otras que, en aspectos esenciales, difieren de aquella. Pero para lograr eso Kant, según Guyer, sugiere que el artista debe disentir de su gusto radicalmente y en ese conflicto resultante con su originalidad aparecerá la tan buscada obra de arte.

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